lunes, 16 de marzo de 2015

casamatas. caja abierta con kike en luxemburgo (2)








Kike fotografiando las Casamatas desde el río Grund


A casi todo el mundo que conozco le gusta viajar. O hacer turismo, que no es igual; pero no vamos a entrar en disquisiciones en el primer párrafo , ¿no?. A mí también me gusta aunque por defecto digo que no. Me cuesta moverme. Siempre me parece que abandono una rutina a la que estoy a punto de sacar todo el fruto para entregarme de un modo un tanto tonto y alocado a nuevas sensaciones que tendré que abandonar antes de tiempo. Es como irse de una fiesta recién hechas las presentaciones. Luego lo pienso un poco y me doy cuenta  que exagero y  que los cambios son necesarios y  que hay que airearse y todo eso y también que ya  metido en harina, lo pasaré casi tan bien como el que más. Sobre todo al volver.


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Kike tomando fotografías desde la muralla de las Casamatas


Una de las cosas más notables de cuando uno viaja es que se fija mucho más de lo habitual en las cosas que se le ponen por delante. Resulta muy gratificante porque las cosas reaccionan de forma amable a esa atención extraordinaria y suelen corresponder con su mejor buena voluntad. Así todos contentos.

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Kike me fotografía en el bar  "La casa del zorro"

 Creo que una de las cosas buenas de ser pintor es que, al estar muy acostumbrado a fijarse en las cosas aún cuando no haya un motivo especial para hacerlo, esa relación que tenemos con lo que nos rodea es bastante intensa. Casi igual que cuando salimos de viaje.

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Kike un momentito después... o antes, no me acuerdo

Desde que existen las cámaras de fotos no se entiende ir de viaje sin sacar fotografías de lo que vamos viendo. Aún más desde que no hay que gastar dinero en carretes ni en revelado. Por desgracia me temo que tampoco hay que emplear tiempo en organizar los recuerdos en forma de álbumes, como ocurría con el papel, con lo que me temo que ya ni siquiera existe ese pretexto para revivir las experiencias del viaje. A veces pienso que tomar fotografías se ha convertido en un acto reflejo y compulsivo. Algo que permite aliviar la tensión que sentimos al notar que aquel momento es irrepetible porque estamos tan sólo de paso.

Kike fotografiando Las Casamatas otra vez




Exagero. Por supuesto que exagero. Y no sólo eso sino que además generalizo: estoy hablando por todos cuando esto que describo es lo que me ocurre a mí. Quizás por eso lo de viajar no me haga tanta gracia. Me lo tomo muy en serio, me temo. El tiempo pasa, se va... de forma rutinaria o excepcional... tanto da. 





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